Capítulo 10 “¿DÓNDE ESTAMOS?”

Capítulo 10
“¿DÓNDE ESTAMOS?”

—¿Dónde estamos? —pregunta Luis.
Están en un lugar oscuro. No se ve nada. Ni la familia, ni el espantapájaros mago, se atreven a salir de la furgoneta.
—Podemos estar en cualquier lado del mundo… o del universo. Los agujeros cósmicos de las vacas son impredecibles —dice Yoyito.
—¿Podríamos estar en otro planeta? —pregunta Ana.
—Sí —contesta Yoyito— Pero si es así, por lo menos estamos en un planeta con oxígeno. Si no, ya estaríamos muertos.
—Eso está claro —razona Luz.
Surge una luz. Yoyito guiña los ojos para poder ver mejor. Se aproximan dos hombres, iluminan sus pasos con una antorcha. Visten unas túnicas que ya podrían catalogarse más como harapos. Caminan descalzos. El abuelo baja la ventanilla del coche, les pregunta:
—¿Quién va ahí? ¡No os vemos bien!
—Echa un poco más de agua sobre el fuego de la antorcha —dice uno de los harapientos— así iluminará más.
—Sí. Tienes razón— contesta el otro.

tontilandia
Uno de los hombres abre una cantimplora y echa todo el agua que guarda en su interior sobre el fuego de la antorcha. El agua, como es natural, apaga el fuego completamente.
—¡Qué raro! ¿Por qué se habrá apagado? —pregunta el harapiento que echó el agua.
—Sí, que es raro —piensa el otro—. Echaste muy bien el agua, directamente sobre el fuego y, en lugar de avivarse más, se apagó completamente.
—¡Qué tío más tonto! —piensa Luis.
Yoyito enciende los faros del coche, alumbra a los harapientos. La familia los observa con detenimiento.
—Tienen pinta de ser inofensivos —dice Ana.
Baja de la furgoneta, les habla:
—Somos unos campesinos. Vivimos en una granja. Nos hemos perdido con la furgoneta.
—Nosotros también estamos perdidos por estas cavernas del Centro de la Tierra —dice uno de los harapientos— ¡Y desde hace décadas! Así que no nos copien.
—Vámonos de aquí —dice el otro harapiento— esta gente son unos copiones. A lo mejor nos copian la cara y luego quieren ser nosotros.
—Sí, mejor nos vamos. Mira que venimos a ayudar porque escuchamos un ruido. Y lo único que vamos a conseguir es que nos copien la cara.
—Oye… por cierto… ¿tu cara no será la mía? Porque llevo mirándola mucho tiempo y ya me resulta demasiado familiar.
—A lo mejor tu cara es la mía y la tuya, la mía.
—¡Anda! ¡Lo que hemos descubierto! ¡Claro! Lo normal es que tú veas tu cara y yo mi cara!
—¡Claro! ¿Cómo voy a ver TU cara con MIS ojos? ¡Eso es imposible! ¿Cada uno se verá su propia cara con sus propios ojos! Es completamente lógico, ¿no?
—Entonces ahora entiendo por qué me gustaba tanto mirarte ¡Y yo que pensaba que era porque me estaba enamorando de ti!
—¡No, hombre! ¡Te gusta mirarme porque realmente te estás mirando a ti mismo!
—¡Claro!
Yoyito sonríe.
—Ya sé dónde estamos…
—¿Dónde? —pregunta Ana.
—¡En Tontilandia!—indica, feliz, Yoyito.
—¿Pero ese país de verdad que existe? —pregunta Luz— ¡Yo pensé que sólo era un cuento para niños!
—¡Por supuesto que existe y es justo donde yo quería ir! ¡De algún modo mi voluntad ha accedido al control del agujero cósmico de la vaca ¡Soy un mago mucho más poderoso de lo que creía!
—¿Quién eres? —pregunta Luis.
—Os prometo que os contaré la historia pronto, pero ahora debo apresurarme. Bajémonos de la furgoneta. Tengo una misión muy importante que hacer en este raro lugar. ¡Nadie sabe llegar a Tontilandia!
—Pero es que tenemos que volver a la granja antes de que nuestros padres lleguen ¡La banda del guante blanco podría hacerles daño!
—No podemos volver a no ser que consiga más magia. Mi capacidad mágica está agotada y por aquí no creo que haya vacas con agujeros cósmicos. Pero no os preocupéis. Dentro de un rato seré el mago más poderoso de la Tierra y podremos volver a la granja a detener a esos delincuentes ¡Para que aprendan, los convertiré en burros!
—Pues nos vendrían bien unos burros en la granja, ¿verdad, Ana? —advierte Tito.
—Pues sí. Para cargar la paja y no usar tanto el tractor.
—De acuerdo. Por lo que hicieron, haré que cumplan condena siendo vuestros burros de carga durante cuatro años.
—¡Mejor 20 años! —pide Luz.
—Vale, 20 años estará bien —accede Yoyito.
—¿Y qué tienes que hacer para convertirte en el mago más poderoso del mundo? —pregunta Luis.
Yoyito sonríe. Se desabrocha la camisa. Del interior de su estómago, de entre la paja, saca un huevo verde, casi del tamaño de un balón de fútbol.
—¿Ese huevo lo ha puesto una de mis gallinas? ¡Es inmenso! —señala Tito.
—No. Ese es un huevo de Serpiente Exterminadora: el animal mágico más peligroso del mundo. Actualmente, toda mi magia está enfocada a impedir que el huevo se me escape y que alguna serpiente lo empolle. Si una serpiente lo empollara, saldría de este huevo la bestia más terrible de todas. Para colmo, esta Serpiente Exterminadora está empeñada en acabar conmigo. Así que voy a sepultarla en la caverna más profunda del Centro de la Tierra. Luego, sellaré todos los túneles que conducen al Centro de la Tierra y, por ende, a esa caverna. Para que ninguna serpiente, nunca más, por los siglos de los siglos, pueda empollar este terrorífico huevo. Una vez que haga eso podré volver a usar todo mi poder mágico cuando lo desee.
—¿Y cómo conseguiste ese huevo? —pregunta Luis.
—Mmmm… está bien. Creo que ya es hora de que os cuente mi asombrosa historia.