Capítulo 4 “EL HIJO DE LA VACA”

Capítulo 4
“EL HIJO DE LA VACA”

—¡La vaca va a dar a luz, la vaca va a dar a luz! —anuncia el abuelo.
—¡Bien! —grita de alegría la abuela.
Los abuelos y los niños van corriendo hasta el establo. Los niños piensan que, la verdad, aún no han conseguido aburrirse en la granja.
¡Allí se vive al límite!
—¡Yo quiero ver nacer al hijo de la vaca! —Luis, se llaman terneros — le corrige Luz.
La vaca comienza a mugir y rompe aguas.
Pero, en lugar de salir un ternero de la vaca, sale un vecino.
—¡Paco! ¿Eres tú? —se asusta Tito— ¿Qué haces ahí?
—¡Dios mío! ¡No sé! ¡Pero si yo estaba en Alemania!

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—¡Es verdad! —afirma la abuela—. Te fuiste a Alemania el año pasado.
Paco se levanta del suelo. Está totalmente empapado por haber salido de la placenta de la vaca.
—Tito, Ana…, ¿tenéis una toalla con la que secarme? ¡No entiendo nada! Estaba trabajando en una oficina en Alemania ahora mismo. Pensando
en todo lo que echaba de menos el pueblo. Y en Andrea…
—¿Andrea? ¿La hija de Ernesto, el lechero?
—Sí. Decidme, por favor. Sé que es una pregunta un poco indiscreta pero necesito saberlo… ¿Andrea está casada?
—No. Ni se le conoce novio —responde Tito.
—¿Cómo va a tener novio ni va a estar casada?
¡Paco! ¡Recuerda el disgusto que pilló cuando te marchaste a Alemania! Andrea me estaba contando el otro día que no podía olvidarte. Que pensaba
en ti todos los días.
—¡Y yo también! —llora Paco— ¡Jamás debí de irme del pueblo! ¡La amo! ¡La amo!
Paco, aún empapado con el líquido de la placenta, sale corriendo de la granja de Tito y Ana, en dirección a la casa de Andrea, gritando:
—¡ANDREA! ¡ANDREA! ¡TE AMO! ¡HE VUELTO PARA QUEDARME A TU LADO!
Los abuelos y los niños se miran extrañadísimos.
¡Qué nuevo suceso paranormal habían presenciado! ¡Aún estaban boquiabiertos!
—Abuelo… lo que me dijiste ayer sobre que la granja está encantada… ¡Es verdad! ¡Al segundo de decírmelo una mosca me habló!
—¿Que te habló una mosca? —rio Luz— ¿Y qué te dijo? ¿Que estaba mosqueada?
—No. Me dijo que no la matara con el matamoscas.
—¿Y tú le hiciste caso?
—Hijo, te prometo que te dije de broma eso del bosque encantado. Yo también estoy extrañadísimo de tantas cosas que están pasando. No nos las explicamos.
—¿Y por qué me dijiste entonces eso del bosque encantado?
—¡Para que te distrajeras y dejaras de estar enfadado!
Hasta ayer, lo más raro que nos había pasado, fue lo del gallo ¡Pero ahora parece que un duendecito se está riendo de todos nosotros!
Ana toca la barriga de la vaca.
—¡Por aquí no hay nada más! ¿Y el ternero? ¿Nos hemos quedado sin ternero?
—¡Qué extraño! ¿Dónde estará el ternero?
Si los abuelos y los niños estaban extrañadísimos más aún andaban extrañados en Alemania.
De pronto, en la oficina, en la silla en la que hasta hace nada estaba sentado Paco, había aparecido una ternera recién nacida.
—¡Esto es intolerable! —dijo, en alemán, el jefe de la oficina, viendo a la ternera—¿Quién ha traído a esta ternera aquí? ¿Y dónde está Paco?
¡Tiene mucho trabajo para desaparecer, así, de pronto! ¡He preguntado que quién ha traído esta ternera a la oficina! ¡Soy el jefe y me tenéis que responder!
¡Es una falta de respeto que hayan traído esta ternera! ¡Que se vaya de aquí! ¡Que alguien llame a la policía! ¡O a la perrera de vacas!

Vino un policía que se llevó la ternera a comisaría. Allí, no sabía dónde ponerla y la dejó en las perreras, junto a los perros policía.
Al día siguiente, el policía se fue de vacaciones un mes y medio a las playas de Canarias, olvidándose de la ternera, absolutamente. Cuando regresó a la comisaría, se encontró que los perros policías habían enseñado a la ternera y esta, había aprendido todos los trucos de la profesión. Con el tiempo, la ternera creció y se convirtió en la primera vaca policía. Tan lista era la vaca que, diez años después, se convirtió en la primera vaca comisario. Y, treinta años después, en la jefa del ejército vegetariano de
Alemania.

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